Dr MIGUEL BENASAYAG

Nacido en Argentina y exiliado en Francia a fines de la década de 1970, reside en Paris desde aquella época, aunque visita nuestro país de manera regular.Es Doctor en psicopatología, filósofo, investigador, psicoanalista y un activo militante político.Autor de más de 30 libros publicados en 12 idiomas, entre otros:“La Fragilité” (1999), “Connaitre est Agir”(2008), “Organisme et artefacte” (2010), "Mythe de L´ individu”(2000) y “L’eloge du Coflit” (2009). Varios de ellos fueron traducidos al castellano. Actualmente es Director del Proyecto “Laboratorios Sociales en Argentina” en red con Brasil-Francia-España e Italia-

lunes, 7 de mayo de 2012

Borda: lleva un año sin gas y el macrismo intentó intervenirlo

Año 5. Edición número 207. Domingo 6 de mayo de 2012
Por
Diego Long


En el túnel. cada vez hay menos internados, de los 2 mil históricos hoy apenas superan los 700.

El hospital no fue reparado, cada vez hay menos internos y se cree que la intención es desmantelarlo para liberar el espacio para el centro cívico. El ex secretario de Salud, Néstor Pérez Baliño, fue interventor por un día.
A fines de abril del año pasado se cumplían 10 días de que el hospital de salud mental José T. Borda estaba sin gas. Azoraba la falta de corazón de la gestión de Mauricio Macri, se achacaba con eso de que los locos pobres no votan ni consumen, se advertía que el macrismo había caído en la propia trampa de la desinversión de la salud pública y se anunciaba el primer paro de los profesionales de la salud porteña; pero nadie, nadie, pensaba que semejante situación pudiera mantenerse durante el invierno que se avecinaba. Bueno, pasó ese invierno, la primavera, el verano, en fin, pasó más de un año y la situación hoy es la misma.
Esta semana, legisladores opositores volvieron a recorrer el nosocomio, haciéndose eco de las denuncias de los trabajadores, que al problema del gas sumaron fallas en el tendido eléctrico con que se lo suplió provisoriamente, y alertaron por la demolición sin aviso de espacios de rehabilitación, como parte de las tareas de construcción del controvertido centro cívico al que planean mudar gran parte de la sede del gobierno. No cumplió el oficialismo porteño con la promesa de que ninguna parte de la centenaria institución se vería comprometida: el 28 de marzo las topadoras voltearon el pabellón donde funcionaba hasta ese momento el taller Pan del Borda. Las máquinas quedaron bajo los escombros. Los pacientes se salvaron.
Los legisladores encontraron problemas viejos y otros nuevos. El secretario general de la Asociación de Profesionales del Borda, Gabriel Cavia, divulgó el intento de negociación del macrismo, a través de su vicejefa de Gobierno, María Eugenia Vidal, que ofreció realizar las refacciones pero a cambio, nada menos, de una manzana del predio para la construcción del resistido complejo. También Cavia hizo saber que la asamblea de los trabajadores rechazó la “propuesta”, que sonaba más a soborno que a otra cosa. Es un dato para destacar, porque no se dejaron vencer por las necesidades, pero además lograron imponerse a la resistencia de los sindicatos. “Salud mental de la Ciudad de Buenos Aires está cogobernada por el macrismo y la Asociación de Médicos Municipales (AMM), que son los que ponen y sacan a los funcionarios. El Borda tiene un director, el doctor (Ricardo) Picasso, puesto por la AMM. La directora general de Salud Mental, la doctora (María Concepción) Grosso, también está por la AMM”, explica Ángel Barraco, asesor de la Comisión de Salud porteña y miembro de la Mesa Permanente Intersectorial de Salud Mental.
Los trabajadores piensan que ese silencio también calla las intenciones verdaderas del macrismo, que no son que el Centro Cívico y el manicomio convivan. De los dos mil internados que supo albergar históricamente el Borda, el año pasado ya habían quedado unos 850 y hoy hay apenas 709. Tanto Barraco como uno de los psiquiatras del hospital, Ricardo Gómez, aseguran que la mayoría de los pacientes que faltan “fue internada en instituciones de Pami, o a través del Profe, que es un sistema de cobertura que tienen los pacientes”.
Pero, además, el macrismo aprovechó la soledad del mes de enero para emitir la resolución 52 de la cartera de Salud, la que llamaba a licitación para contratar camas de internación en instituciones privadas. Recursos de amparo del titular de la Comisión de Salud de la Legislatura, Jorge Selser, de la legisladora María Elena Naddeo y de la Asesoría General Tutelar (AGT), hicieron que el llamado fuera suspendido hasta nuevo aviso. “Yo creo que la intención es, poco a poco, ir secando el hospital. Dejarlo caer y que ocurra como en el Moyano, que se van cayendo los techos, entonces ahí interviene la Justicia y, como hay que dar una solución, van a parar a clínicas privadas, como pasó hace tres años con 260 pacientes”.
Desde fines de 2010 la Ley Nacional de Salud Mental está vigente. Además, la Ciudad tiene su propia norma, la 448. Ambas plantean la desmanicomialización. Fue una excusa cómoda para el macrismo. “Se montan en el tema de la desmanicomialización para cerrar y aprovechar las instalaciones del hospital, y eso no es desmanicomialización”, afirma Gabriela Spinelli, coordinadora del área de Salud de la AGT, y fundamenta su incredulidad en la evidencia de que “los pocos programas alternativos al manicomio fueron desmantelados. Al programa de atención comunitaria para niños con trastornos mentales severos, con el argumento de que cambiaban la coordinación y la sede, lo desmantelaron hace muy poco. En realidad fue un desarmado encubierto. Era un programa que trabajaba en forma comunitaria y ahora lo trasladaron a la sede del Tobar García, en franca contradicción con su propósito de trabajar en la comunidad de cada uno de los chicos. También dejaron de lado los talleres protegidos. El Preasis, un programa del Ministerio de Desarrollo Social, de externación asistida, quedó prácticamente sin presupuesto. Es decir, desde que asumió la gestión este gobierno no hay ningún plan de salud mental, ni siquiera desde la ideología contraria, ni sostienen el manicomio, ni crean los dispositivos que son necesarios para transformar el sistema”.
Por eso Spinelli dice que lo que más le preocupa, incluso más que el gas, es que “no hay ningún plan de salud mental en la ciudad. Es un tema que no interesa en absoluto, lo único que interesa son los negociados que hay adentro”.
El jueves pasado, tal vez a raíz del humilde revuelo causado por la visita de los legisladores, o a causa de que los sindicatos aliados no pudieron manejar la asamblea de trabajadores, el macrismo no tuvo mejor idea que intervenir el Borda. A donde envió al saliente subsecretario de Salud, Néstor Pérez Baliño. Duró un día. En el hospital le hicieron saber que no era bienvenido.
Estela Adra, delegada de la Asociación de Psicólogos Municipales describe a Pérez Baliño: “estrictamente tiene una actitud de desprecio absoluto para quienes no piensan como él. La doctora Grosso, lo mismo. Es como una marca registrada de esta gestión, yo he ido a la Legislatura y parecen todos cortados por la misma tijera, vengan de donde vengan. Son todos mal educados y autoritarios”. Adra reconoce “viejas disputas” con Grosso, porque “comparte el criterio de psiquiatrización, y en este momento antepone el interés inmobiliario por sobre el de salud, al permitir que predios como el del Borda y el del Moyano tengan otros destinos. No está defendiendo al sector”, dice.
Para Daniel Zappia, del taller Arte y Pintura del Borda, afecta a los pacientes “que se reedite ahora en sus vidas una cuestión tan triste como la incertidumbre de si van a poder continuar”. Zappia cuenta que “hay amenazas permanentes, de achique, de cierre, de que no hay recursos humanos. Y lo representan en su arte, se ve en sus expresiones musicales, en sus expresiones literarias, lo muestran permanentemente. Todas estas cuestiones tan dolorosas ingresan a sus delirios”. Y a esta altura, el problema dejó de ser el gas.
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