Dr MIGUEL BENASAYAG

Nacido en Argentina y exiliado en Francia a fines de la década de 1970, reside en Paris desde aquella época, aunque visita nuestro país de manera regular.Es Doctor en psicopatología, filósofo, investigador, psicoanalista y un activo militante político.Autor de más de 30 libros publicados en 12 idiomas, entre otros:“La Fragilité” (1999), “Connaitre est Agir”(2008), “Organisme et artefacte” (2010), "Mythe de L´ individu”(2000) y “L’eloge du Coflit” (2009). Varios de ellos fueron traducidos al castellano. Actualmente es Director del Proyecto “Laboratorios Sociales en Argentina” en red con Brasil-Francia-España e Italia-

viernes, 24 de febrero de 2012

Desde el Frente de Artistas del Borda- “Existimos a pesar del manicomio”-

- Jueves, 23 de febrero de 2012
Por Alberto Sava *

En el artículo “Buenos Aires no es Trieste”, publicado en esta sección el 9 de febrero pasado, Hernán Scorofitz señala, con referencia al Hospital Borda, que “riquísimas experiencias han surgido en el interior de los muros: el Frente de Artistas del Borda y Radio La Colifata”. Pero olvida decir que subsisten a pesar del Borda. Reitero mi postura en favor de la desmanicomialización y en apoyo a la Ley 448 de la CABA y la Ley Nacional de Salud Mental 26.657. Se trata de defender el hospital público y no a los manicomios, sean éstos públicos o privados. Estuve en Trieste hace cuatro años, haciendo una pasantía desde la cual puedo dar cuenta de esa experiencia desmanicomializadora creada por el doctor Franco Basaglia. También conozco las de Río Negro, San Luis y otras, y he podido comparar las diferencias positivas de estas propuestas con las de los “hospitales psiquiátricos”, bien llamados hospicios, asilos, loqueros, manicomios, depósitos de personas.

Las primeras, las desmanicomializadoras se construyen desde la dignidad humana, para garantizar la atención en hospitales generales o centros de salud, con internaciones cortas –en Trieste, el promedio de internación es de 15 días– y tratamientos básicamente ambulatorios, en un marco en que el Estado garantiza la vivienda, el trabajo, la educación, la salud y los afectos de las personas con sufrimiento mental, a través de leyes nacionales y provinciales. Esto se organiza con los mismos recursos económicos, técnicos y humanos y sin pérdidas de fuentes de trabajo.

En cambio, los hospitales psiquiátricos monovalentes, públicos y privados, se construyen y se sostienen desde el maltrato, la segregación, la sobremedicación, la discriminación, y muchas veces la violencia física y psíquica, en ausencia de libertades individuales y con mala calidad de vida en cuanto a alimentación, ropa, higiene y sociabilidad. En definitiva, son monumentos a las violaciones de los derechos humanos. Son un cachetazo a la dignidad humana. Basta visitar cualquier manicomio del país, y conozco muchos, para darse cuenta de esta realidad.

Ya en 1990, la Organización Panamericana de la Salud, integrante de la Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS), en la Declaración de Caracas –de la cual la Argentina es país firmante– señaló que “el hospital psiquiátrico aísla al enfermo de su medio, generando de esa manera mayor discapacidad social, y crea condiciones desfavorables que ponen en peligro los derechos humanos y civiles del enfermo”; e instó “a organizaciones, autoridades de salud, profesionales de salud mental, profesionales del derecho y usuarios de los sistemas de salud mental a la Conferencia Regional para la Reestructuración de la Atención Psiquiátrica en América latina para llevar a cabo distintas estrategias a fin de lograr la reestructuración de la atención psiquiátrica en América latina, la actualización de legislaciones nacionales de tal forma que se asegure el respeto de los derechos humanos de las personas con discapacidades mentales y sus familiares, y se promueva la organización de servicios comunitarios que contribuyan a que estas personas puedan disfrutar de la libertad personal y, por consiguiente, ejercer sus derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales y otras libertades fundamentales en pie de igualdad respecto de otros seres humanos”.

Entonces, la crítica es al manicomio y a las personas que sostienen una forma de atender y entender el sufrimiento mental, que no sólo afecta a las personas que en él viven: también muchos trabajadores son víctimas del manicomio, y he sido testigo. Doy fe de que existen trabajadores –profesionales, enfermeros, técnicos, empleados administrativos y de mantenimiento, entre otros– que son respetuosos, dignos de su labor; tienen una escucha nueva, colaboran con nuestras propuestas desmanicomializadoras y trabajan a favor de procesos de cambios. Pero al mismo tiempo se convive con actitudes y propuestas corporativas de asociaciones médicas y gremiales que están en contra de la desmanicomialización, o sea en contra de la Ley 448 de Salud Mental de la Ciudad de Buenos Aires y de la nueva Ley Nacional de Salud Mental 26.657.

Estas organizaciones sindicales y profesionales muchas veces se movilizan ante las amenazas del cierre del hospital público: de acuerdo, si ése es el espíritu verdadero, pero, una vez defendido el hospital público, me pregunto por qué no se movilizan para que se cierre el manicomio. Entonces, esas movilizaciones sostienen una trampa, que es el mantenimiento de la estructura manicomial, en contradicción con el espíritu y la letra de las dos leyes de salud mental vigentes y votadas democráticamente.

En el caso del Frente de Artistas, su estructura es horizontal y se socializa el poder a través de la participación de todos los integrantes: usuarios-artistas y coordinadores. Casi 200 usuarios-artistas internados y ambulatorios participan diariamente en 12 talleres artísticos. Más de 30 coordinadores trabajan ad honorem, con más de 6000 presentaciones en todo el país, la organización de once festivales latinoamericanos de arte “Una puerta a la libertad-No al manicomio” y la fundación de la Red Argentina de Arte y Salud Mental, entre muchas otras actividades con reconocimientos nacionales e internacionales.

El Frente de Artistas del Borda no pertenece a la estructura de la institución Borda y, por lo tanto, no contamos con recursos económicos, técnicos ni humanos. Nos vimos obligados a crear, por fuera, una asociación civil, que se llama Frente de Artistas, para conseguir esos recursos. Además de este desconocimiento institucional, escamotean ayuda, boicotean propuestas e ideas, e incluso han inventado el Centro Cultural del Borda, dirigido por un médico psiquiatra, con la intención de perjudicar, dividir, confundir y debilitar nuestra lucha desmanicomializadora.

El Frente de Artistas del Borda existe a pesar del Borda. Con sus coordinadores y talleristas-artistas y junto a cada vez más trabajadores, grupos e instituciones sociales, luchará y resistirá desde el arte hasta que los muros caigan. Hasta que la Argentina sea como Trieste.

* Fundador y coordinador del Frente de Artistas del Borda; presidente de la Red Argentina de Arte y Salud Mental.

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