Dr MIGUEL BENASAYAG

Nacido en Argentina y exiliado en Francia a fines de la década de 1970, reside en Paris desde aquella época, aunque visita nuestro país de manera regular.Es Doctor en psicopatología, filósofo, investigador, psicoanalista y un activo militante político.Autor de más de 30 libros publicados en 12 idiomas, entre otros:“La Fragilité” (1999), “Connaitre est Agir”(2008), “Organisme et artefacte” (2010), "Mythe de L´ individu”(2000) y “L’eloge du Coflit” (2009). Varios de ellos fueron traducidos al castellano. Actualmente es Director del Proyecto “Laboratorios Sociales en Argentina” en red con Brasil-Francia-España e Italia-

martes, 28 de abril de 2015

ENTREVISTA A MIGUEL BENASAYAG

Miguel Benasayag: “Resistir no es sólo oponerse, sino crear, situación por situación, otras relaciones sociales”

¿A qué nivel actuar? ¿A qué escala se cambia el mundo? Entrevista con el filósofo y activista Miguel Benasayag. 


Miguel Benasayag (Buenos Aires, 1953)
Miguel Benasayag es, según su propia definición, un “militante investigador”. Se sumó con apenas diecisiete años a la guerrilla guevarista del  Ejército Revolucionario Popular (ERP) donde luchó contra la dictadora argentina. Fue detenido y sufrió cuatros años de prisión y torturas. Tras la muerte de dos religiosas francesas bajo el gobierno militar de la Junta, Miguel Benasayag pudo beneficiarse de su doble nacionalidad (su madre judía francesa abandonó Francia en 1939) y gracias a una maniobra diplomática fue liberado en 1978 y recaló en Francia, país que no conocía. Allí se convirtió en escritor, psicoanalista y filósofo, participando activamente en distintos colectivos y asociaciones (la red No Vox, el colectivo Malgre Tout, Act Up París, etc.).
En su libro Política y situación. De la potencia al contrapoder, escrito junto a Diego Sztulwark y publicado en el año 2000, desarrolla una reflexión de enorme relevancia sobre los medios de mantenerse fiel a la exigencia de libertad y solidaridad de las luchas revolucionarias pasadas, pero en un contexto radicalmente transformado. Allí podemos leer que “la nueva radicalidad no implica ser más radical que antes, sino serlo de manera distinta. Se trata de asumir que 'somos las situaciones que atravesamos' y, en consecuencia, transformar esas situaciones”.
¿A qué nivel actuar? ¿A qué escala se cambia el mundo? El concepto de 'situación' está en el corazón del pensamiento de Miguel Benasayag, es la "unidad que permite volver a territorializar la vida, el pensamiento y la acción" en el desgarrón de la posmodernidad. Y a partir de él como hilo conductor, repasamos en esta entrevista algunos de sus temas políticos clave: la naturaleza necesariamentelocalizada del neoliberalismo y las resistencias, la crítica del militante clásico en tanto que militante que sobrevuela las realidades concretas, el  elogio del conflictocomo principio de convivencia, la diferencia entre política y gestión, entre potencia y poder, etc. La actualidad, intempestiva y polémica, de su reflexión política en el contexto actual se hará  evidente enseguida para el lector.
1. ¿En qué contexto nace el concepto de “situación”?
Miguel Benasayag. El concepto de “situación” aparece en determinado momento, para mí, para mis compañeros y la gente cercana, como una necesidad, no sólo teórica, sino vital. Te explico esto un poco.
En 1978 llegué a Francia, tras mi salida de la cárcel, justo en el comienzo de lo que se llamaría la “posmodernidad”. Era el momento de los “nuevos filósofos”, luego llegaría Fukuyama, el fin de la Historia y las ideologías, etc. Digamos, en breve, que en esos años se evidencia un agotamiento de la posibilidad de un pensamiento en términos de universalidad abstracta, ya sea kantiana, hegeliana o marxista. Es decir, no funciona más la idea de que tu situación y realidad concreta -y lo que debes o puedes hacer desde ahí- se puede explicar o deducir desde un universal exterior a ella, un deber ser de las cosas. Hay toda una cosmosivión que se agota, no tanto por falsa, como por lo mismo que se agotan las civilizaciones o las culturas, son ciclos. Y de ahí resulta el triunfo de la dispersión.
2. ¿A qué te refieres con dispersión?
Miguel Benasayag. La dispersión, el individualismo, la posmodernidad, un mundo donde ya no hay más verdad ni mentira, todo se reduce a placer, displacer, interés, lo inmediato, lo que funciona... Una tendencia perfectamente homogénea con la economía neoliberal.
3. Entiendo, sigue.
Miguel Benasayag. Entonces, entre el universal abstracto ya irreconstruible y la dispersión total se nos aparece la necesidad de pensar una unidad múltiple, convergente, que permita un nivel de inteligibilidad y comprensión, de exigencia ética y política, que no mire con el espejo retrovisor al pasado ni se haga cómplice tampoco de la dispersión y, en definitiva, del individualismo neoliberal. Y es en ese sentido que empezamos a trabajar el concepto de situación, entre varios compañeros e intelectuales, buscando una unidad que permita volver a territorializar la vida, el pensamiento y la acción, investigando una nueva racionalidad que permita diferenciar, como dice el tango argentino, “entre ser derecho y ser traidor”, es decir, donde haya principio de asimetría.
4. ¿Podrías ponerme un ejemplo para entenderlo mejor?
Miguel Benasayag. Te pongo uno de mucha actualidad ahora aquí en Francia. El pensamiento situacional es lo que me permite decir, a mí que no soy musulmán o islámico ni nada parecido: “aquí y ahora, en Francia, el ataque a las chicas musulmanas que llevan velo es una injusticia, porque ese velo significa una búsqueda de sentido y dignidad frente a la desestructuración neoliberal, a un colonialismo mal resuelto, etc”. Es decir, situacionalmente, dentro de una unidad, un espacio y un tiempo determinados, un territorio, hay una asimetría entre un fascista del Frente Nacional o un humanista laico-radical y quien dice por el contrario: “espera un poco, aquí hay una búsqueda de dignidad, hay que ver, escuchar, dialogar”. Sin embargo, en otra situación, en Arabia Saudí o Qatar, el velo significa por el contrario el horror total de la opresión de la mujer y habría que ayudar a cualquier chica que tenga el coraje de quitárselo.
El pensamiento situacional permite encontrar dinámicas universales que, aquí y allá, se manifiestan de modos radicalmente distintos, incluso opuestos. Lo que podríamos llamar universales concretos. Mientras que el universal abstracto es una perspectiva “desde ninguna parte y para todas”, el universal concreto es aquello que existe aquí y ahora, aunque se reproduzca (es un universal) de modo distinto en cada aquí y ahora.

La lucha en situación y el militante triste

5. Afirmas que tanto el neoliberalismo como las resistencias sólo existen “situacionalmente”. Es una visión muy poco normal, porque tendemos a ver el neoliberalismo como una serie de políticas que vienen de arriba a abajo, que se derraman desde unos centros de poder hacia abajo, hacia unas víctimas (la gente, el pueblo etc.). Es una inversión de perspectiva muy fuerte la que propones.
Miguel Benasayag. El neoliberalismo -digamos, la gestión empresarial de la vida- es una lógica global, pero que se dispersa en el infinito de las situaciones (por ejemplo, la escuela, la salud o la naturaleza son gestionadas como empresas). “El todo está en cada una de las partes”, diríamos filosóficamente. Uno no “encuentra” al neoliberalismo más que bajo sus diversos modos de existencia. Es decir, el neoliberalismo está compuesto de prácticas cotidianas, de relaciones sociales y nosotros mismos participamos en esta explotación a la que estamos sometidos.
Como muchas otras estructuras, por ejemplo la lengua, el neoliberalismo tiene una autonomía, nuclea, orienta la vida de toda situación, pero sólo existe dentro de cada situación concreta. Es decir, no nos equivocamos cuando decimos que el neoliberalismo está por encima de la vida, sobre la vida, pero a la vez esta dimensión sólo se manifiesta como un virus que contamina cada elemento de la vida. Y en ese sentido la respuesta al neoliberalismo no puede ser más que múltiple, difusa, contradictoria y situacional. Resistir no es sólo oponerse, sino crear, situación por situación, otros modos de vida y otras relaciones sociales.
6. Entiendo desde ahí tu crítica a la política clásica (incluyendo la política revolucionaria), en el sentido de que ésta por lo general no ha asumido este carácter situado del capitalismo y las resistencias. ¿Podrías exponer los rasgos generales de esa crítica?
Miguel Benasayag. Sí, yo hablo del “militante triste” para referirme a una manera de entender el compromiso. ¿En qué sentido? Este tipo de militante no está comprometido con la construcción de situaciones concretas, sino que tiene una idea de cómo el mundo debe ser, una idea de cómo deben ser las cosas. El problema es que las ideas son ideas. No todo lo que es posible en el mundo de las ideas es, por usar un concepto de Leibniz, “composible” o realizable en la realidad. Por eso digo que este tipo de militante es triste, en el sentido de impotente y agrio. Para él, la realidad concreta, las situaciones concretas, nunca alcanzan el ideal. El mundo no es como debería ser, el mundo verdadero es otro, está en otra parte.
El militante triste comulga con esa visión platónica donde siempre hay una especie de asco hacia la vida, hacia la fragilidad, hacia lo mezclado, lo indeterminado, etc. Me refiero a cuando Platón habla de la corrupción de la carne. Los platónicos aman las ideas, los programas, las arquitecturas políticas ideales. Y, en el fondo, la visión del mundo nuevo que tienen es la de un mundo donde se haya vencido por fin a la carne corruptible.
7. Y en este planteamiento, las situaciones serían la “carne corruptible”, ¿no?
Miguel Benasayag. Claro, en la figura del militante triste este odio a la carne se expresa como indiferencia de fondo a las situaciones concretas, porque sólo son señales en la autopista hacia el mundo mejor. No se ve una pregunta concreta por cómo luchar aquí y ahora, con la gente que está aquí y ahora, sino sólo señales hacia el mundo por venir, hacia lo que debe ser.
Es lo que yo digo la “lógica transitiva” que define de cabo a rabo la política clásica: la situación A no tiene más realidad y valor que la de poderme llevar a la situación B y C. Las situaciones no interesan por sí mismas, sino “en tanto que” sirven a tal o cual plan, programa o estrategia que distinguen en abstracto entre lo principal y lo secundario, etc.
Yo tengo mucha bronca con el militante clásico, con el militante triste. Porque cuando hay luchas siempre aparecen esos que saben por dónde pasa la historia, con el fin de disciplinar a la gente según tal o cual programa, tal o cual estrategia de conjunto, tal o cual coyuntura electoral, descuidando la lucha a nivel situacional, a nivel de construcción de situaciones concretas. Me atrevería a decir incluso que las organizaciones revolucionarias, los militantes revolucionarios, en tanto que militantes clásicos, extra-situacionales, vanguardias, son los anticuerpos que la sociedad segrega cuando la potencia libertaria de la base se desarrolla.
8. En  El compromiso en una época oscura desarrollas otra idea del compromiso muy distinta, otra figura de la militancia, ¿cuál es?
Miguel Benasayag. Una figura de compromiso no volcado hacia el futuro, sino hacia lo que ya está aquí. No orientado por un programa (siempre definido en función del futuro y la totalidad), sino por un proyecto que parte del presente e implica a los que buscan respuestas a los desafíos planteados por situaciones concretas.
En la sumisión a los programas aparece la lógica de la transitividad: A es medio para B y C. Es por el contrario en radical inmanencia con respecto a las situaciones que se habitan que puede establecerse otro tipo de compromiso.
Sin embargo, hay que tener un coraje enorme para desarrollar luchas, proyectos, iniciativas múltiples sin pedir una visión arquitectónica de la realidad, una visión de hacia donde va y de donde viene todo lo que pasa, sin necesitar la promesa de un mundo nuevo, sino desarrollando nada más (y nada menos) la potencia de las situaciones, aquí y ahora.

La imposible convergencia de las luchas

9. Frente a una idea ingenua de “unificación” o “convergencia”, afirmas que las luchas no se acumulan, no se añaden ni se suman, sino que más bien se contradicen. ¿Podrías desarrollar esto?
Miguel Benasayag. Lo explico con un ejemplo: en Argentina, hay una contradicción entre justicia social y justicia ecológica. Porque la justicia ecológica dice no a los transgénicos o a la minería y justamente de ahí está sacando el gobierno de Cristina Kirchner la plata para pagar los planes sociales. Entonces, al chico que está en una villa miseria con riesgo de morir de malnutrición, la justicia ecológica le puede parecer perfectamente un lujo de ricos y una abstracción. Las dos luchas son coherentes, pero no armónicas. Es exactamente así la cosa, no hay solución global en un mundo complejo, no hay síntesis.
Es decir, hay luchas que son justas y sin embargo no son armonizables, son irreconciliables (al menos en esta época). No se puede exigir la coherencia de la lucha y la armonía de las luchas. Cuando aparece el típico partido que pone juntos a un representante de cada lucha -una mujer, un homosexual, un obrero, un inmigrante, una prostituta, etc.- eso está podrido de entrada. Tenemos que aprender a vivir y a pensar entre situaciones múltiples que deben abandonar todo deseo de armonía. No existe “el movimiento”, sino una pluralidad de situaciones que no encajan, no convergen, no se sintetizan en ninguna unidad.
10. ¿Pero cómo pensar entonces, desde estos presupuestos, la posibilidad de una “coordinación” de las luchas?
Miguel Benasayag. Por un lado, a partir precisamente del conflicto. La conflictualidad, la no armonización posible, lejos de marcar una dispersión, es la condición de un zócalo común. Entre las diferentes organizaciones y situaciones se pueden encontrar terrenos conflictuales comunes. Cuando uno dice que la villa miseria es un problema ecológico y social, la cosa no es encontrar una solución global, sino más bien un territorio de conflictualidad donde se pueda negociar, coordinar, sin negar la contradicción y la complejidad. No estamos de acuerdo, no tenemos el mismo objetivo, pero compartimos un deseo de vida, un deseo de desarrollo, entonces se dialoga, se negocia. El conflicto -distinto del enfrentamiento- es la base de la vida y del tejido social, no algo que debe desaparecer. Eso por un lado.
11. ¿Y por el otro?
Miguel Benasayag. A partir precisamente de la constitución de redes: redes de intercambio, de ayuda mutua, de intercambio de conocimientos y experiencias entre luchas de diferentes naturalezas y situaciones. Hay múltiples procesos, no una totalidad englobante. No se puede deducir de ninguna lucha una “generalización” o “estrategia ganadora”.
Esto es lo que llamo “contrapoder”: una dinámica de composición de las diferentes situaciones. Lazos e intercambios, no una dirección o estructura centralizadora. Un red de resistencias que respete la multiplicidad sería una especie de círculo que posee, poética y paradójicamente, su centro en todas partes.
Por último, decir que lo que se va coordinando, lo que se va estructurando, nunca depende sólo de la voluntad de los seres humanos que deciden “coordinarse” u "organizarse", sino que es una resultante de múltiples cosas.

Política y gestión

12. ¿La política no puede ofrecer respuestas globales o de conjunto?
Miguel Benasayag. Yo hago una diferencia, que para mí es de vital importancia, entre política y gestión. La política siempre es horizontal, en la base, son luchas creadoras. Y luego está la gestión, que es indispensable. La gestión no se confunde con la política, pero podemos reivindicar una gestión diferente, progresista y no reaccionaria, para todos y no elitista.
13. Explícame por qué la gestión no se confunde con la política.
Miguel Benasayag. La política puede “polarizar”: luchas por esto y no quieres saber de lo otro. Por ejemplo, luchas porque los inmigrantes que llegan sean acogidos y no te haces cargo de otros argumentos (que si la demografía, que si la jubilación, etc.). La gestión no puede hacer eso, no puede polarizar, siempre es gestión de una complejidad (contradictoria, etc.) y no puede escuchar un solo sonido de campana.
La política es polarizada y conflictual, nunca globalizante. La gestión, si es democrática, es compleja, global y no polarizada. Es la garantía misma de la democracia que los actos “polarizadores” de radicalidad se den por abajo, sin pretender la normatividad. Si gestionas en claves de polarización te vuelves un tirano. Un gobierno democrático es para todos, puede tener orientaciones pero no polarizar.
14. ¿Y por eso afirmas que, paradójicamente, “el poder es el lugar de la máxima impotencia”?
Miguel Benasayag. Efectivamente. Si la gestión es democrática, tiene que gestionar un país donde vive también “el otro” (para el progresista, sería el cura reaccionario o el propietario de tierras, por ejemplo). Hay lugares de gestión y lugares de transformación política de la sociedad. Si estás en el lugar de la gestión (el Estado), tienes que aceptar una cierta impotencia que es la de ser gestor.
La política por su lado son situaciones de lucha, de conflicto, que van dibujando la sociedad en un sentido o en otro. Un gestor administra (mejor o peor) la potencia. Un rebelde la despliega, crea y lucha. Si quieres cambiar las cosas, entonces vuelves a la base, a la multiplicidad situacional en la base.
Política y gestión pueden y deben cohabitar, sin confundirse. No hay por mi parte ninguna crítica a los compañeros que, en determinado momento, se pasan de la política a la gestión, digo simplemente que siempre hay que saber cuál es el trabajo de cada uno, son dos tareas diferentes. No conviene que la ejerzan las mismas personas, los mismos movimientos. 
15. ¿Cómo sería, en tu opinión, una “buena” gestión? ¿Qué se puede hacer, positivamente, desde el ámbito de la gestión?
Miguel Benasayag. La buena gestión depende en gran medida de la potencia que se desarrolla en la base. La política que influencia, que decide cómo va a ser la cosa estatal, se juega permanentemente afuera de los aparatos estatales -de la gestión- sin que, sin embargo, pueda decirse mecánicamente que se oponga a ellos.
Una buena gestión puede darse cuando la gente que ocupa los lugares de gobierno comprende que la gestión no es un lugar geométrico, arriba en una pirámide, sino un lugar más de la horizontalidad. Me explico: la gestión no es “la situación de situaciones”, sino una situación en sí misma. Una situación que tiene la particularidad de que, en cierta medida, refleja o representa el estado de las luchas y las resistencias, la potencia de la base.
El problema es que hay como un efecto óptico de “verse arriba”, dirigiendo, cuando en realidad lo que uno puede o no puede hacer desde el lugar de la gestión está completamente entrelazado con lo que pasa en el resto de situaciones. La gestión es un momento, una tarea, un aspecto, el problema es que se pretenda el todo y jerarquice. Es el peligro de fetichizar la gestión.

El cambio social como resultante de fuerzas

16. El problema entonces para ti sería confundir política y gestión, potencia y poder.
Miguel Benasayag. Sí, en la insurrección argentina de 2001, por ejemplo, inventamos el “que se vayan todos”. Es verdad que luego volvieron, pero ya no igual que antes. Cristina Kirchner no es Ménem. Quiero decir: cuanto más potente es el “no nos representan”, más aseguras que cuando vuelvan -porque van a volver, la gestión es indispensable- no lo harán igual que antes.
17. ¿Qué piensas de la victoria de Syriza en Grecia, qué posibilidades ves que se abren ahí?
Miguel Benasayag. Está muy bien que haya un gobierno que tiene la intención de proteger a su pueblo, pero pienso que la mejor posibilidad de hacerlo es dejarle la máxima libertad, la máxima creatividad, no concentrar el poder de decisión en el gobierno, no confundir ni identificar la política y la gestión. La resistencia griega depende del desarrollo de una multiplicidad de experiencias de solidaridad, de luchas, de proyectos, de cooperativas, etc. Un gobierno de otro tipo podría aparecer como un coordinador o potenciador de una miríada de resistencias de todo tipo, pero la gestión no debe aspirar nunca a eliminar la política.
18. No es fácil ver cómo esas resistencias por abajo podrían limitar el poder de Monsanto, de los fondos buitres, de la fuga de capitales, etc.
Miguel Benasayag. Claro, uno ve que los ricos están cada vez más ricos, más ofensivos, más destructores, más bárbaros y eso hace pensar que tienen el poder. Pero en realidad, los banqueros, los economistas, los directores de recursos humanos, toda esta basura, no son los amos del neoliberalismo, sino sólo sus servidores sumisos.
El neoliberalismo se desarrolla como una “estrategia sin estrategas” que tiene una autonomía propia y que no es manejada por nadie. Los que se benefician de él no lo pueden ni dirigir ni orientar. Los estrategas están dentro de la estrategia, no la manejan desde fuera. Es lo que dicen todos años, y lloran por ello, los grandes destructores del mundo cuando se encuentran en Davos.
19. Por último, ¿cómo se piensa, desde un planteamiento situacional, el cambio social (lo que en otro tiempo se llamó la "cuestión revolucionaria")?
Miguel Benasayag. Como una resultante de fuerzas. Recuerdo cómo era la mecánica, para los que hayan olvidado sus clases de física. Hay tres personas que empujan un mueble y los tres empujan en direcciones más o menos diferentes. Pues bien, el mueble no va a ir en ninguna de las tres direcciones, sino en otra. En la resultante de las tres fuerzas.
Todo cambio pertenece al orden de los procesos, múltiples y descentralizados, no a una voluntad cualquiera, ni a un plan. Las sociedades no cambian, o al menos no lo hacen ni profunda ni definitivamente, por una simple toma del poder, sino por movimientos revolucionarios cuyo éxito mismo se explica por la larga duración de los procesos de cambio sociales.
Francia no se hizo republicana porque hubiese cortado la cabeza de Luis XVI, sino porque hubo un largo proceso, práctico y teórico, de resistencia-creación ante la monarquía y el Antiguo Régimen, que posibilitó la emergencia de otro régimen. Para reimaginar el cambio social, necesitamos en primer lugar una racionalidad más compleja, más rica y menos lineal.
Últimos libros de Miguel Benasayag en español:
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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Artículo publicado en ACTUALIDAD PSICOLÖGICA- Octubre de 2014 Título del número: TECNOLOGIA y CUERPOS y SUBJETIVIDAD

De las complejas problemáticas humanas a simples desperfectos artefactuales. Salud y educación en tiempos de tecnocracia.*

 
 Por Miguel Benasayag* y Gabriela Dueñas**.

"En una época como la actual, en la que la potencia técnico científica conoce un desarrollo exponencial increíble, la vivencia cotidiana de nuestros contemporáneos es la de una gran impotencia. Esto hace parte del problema y del desafío que tratan de comprender -teórica y prácticamente- los laboratorios sociales (LSA)”. Miguel Benasayag, 2011. 
 
 
Acerca del hombre, su cuerpo  y la tecnología en tiempos de hibrides

La post modernidad, marcada por la emergencia de nuevas y potentes técnicas que destejen concretamente el mundo biológico, parece haber abandonado la aspiración moderna de "comprender" en favor de la posibilidad concreta de preveer.
El nivel de hibridación entre lo “artefactual” y lo biológico tiene como consecuencia evidente un mixtura irreversible con la cultura, como también así con los niveles propios a la subjetividad humana.
La capacidad de intervenir, con una gran eficacidad, y a modo de ejemplo, en complejos procesos cerebrales, ha creado la fuerte ilusión de que el hombre, la cultura, el conjunto mismo de lo existente, no es mas que un “agregado” de partes elementales, un conglomerado de módulos, a partir del cual se pretende concebir al “todo” como una simple sumatoria de partes.
Este reduccionismo fisicalista esta construyendo, sobre el desteje de la sociedad y el hombre de la modernidad, un nuevo hombre y ecosistema modular agregativo.
“Todo es posible” es la consigna dominante hoy. Sin embargo, esta creencia en que semejante objetivo es posible, no es sin consecuencias en la cultura y en la psiquis humana. Porque si todo es posible, nada es real.
En efecto, todo parece indicar que esta “des realización” del mundo, esta virtualización avanza operando sobre una verdadera dislocación de los sistemas orgánicos.
Esta verdadera hibridación entre procesos técnicos y mecanismos biológicos culturales puede considerarse hoy, como una realidad ya existente, y más aun, irreversible.
Quizás el problema para poder comprenderla y actuar en consecuencia, viene del hecho que, contrariamente a la ciencia ficción, esta hibridación no es, o no es totalmente, anatómica, es decir no se ve. Pero un mecanismo de hibridación y reciclaje orgánico y cerebral consecuente a ella, no necesitan para nada ser anatómicos, para que fisiológicamente sean potentes. 
En síntesis, no es porque el fenotipo no se ve "mutante", que la mutación no existe. No solo la mutación, sino que las mutaciones son tan importantes, que la cuestión que hoy nos interpela es la de saber si el hombre, y más ampliamente la vida humana tal como se nos presenta, es compatible con nuestro mundo.
Ahora bien, hacerse la pregunta sobre la compatibilidad de nuestra especie, implica hacerse la pregunta por la compatibilidad, ya no de nuestra cultura, occidental etc. etc., sino de “la cultura” con esta era geológica que los científicos llaman el “antropoceno”[i]. Como dicen irónicamente los investigadores, el “antropoceno” es la era marcada a tal punto por la fuerte actividad transformadora del hombre, que la misma especie humana y sus culturas se ven en peligro de "extinción".
Entendámonos bien, cuando decimos cultura, vida biológica, vida psicológica, estamos haciendo referencia implícitamente a niveles de organización del organismo. Organismo, no en el sentido reduccionista biologizante, sino en el sentido que Kant da al concepto de “organismo” en su tercera crítica y en su "Opus póstuma", en el que lo esencial de esta "autoorganización", reside no solo en las potencias que puede desarrollar, sino, y quizás sobre todo, en los mecanismos de autorregulación de la misma.
Este es acaso el principal punto de nuestra preocupación, que alcanza todos los niveles y dimensiones de nuestras vidas. El objetivo del "todo es posible", del reduccionismo y del economisismo que le corresponde, es la desregularización de todo conjunto estructurado, auto estructurado. Y como podemos comprender, sin autorregulación, sin una posibilidad de frenar ante los límites de un sistema, no como lo que se opone al sistema, sino como lo que lo protege y posibilita la vida del mismo, se hace difícil vislumbrar la continuidad de la misma. Ante esta nueva realidad, todo parece indicar  que el desarrollo de la vida misma, sin estos limites estructurantes, esta hoy en juego.

De la falla al desperfecto.
Nosotros podemos decir que toda vida, en todos los niveles de su existencia, biológico psicológico, cultural, histórico, dependen de un principio fundamental, a saber, que la estabilidad de todo organismo vivo depende que éste mantenga y desarrolle una actividad que lo aleje en permanencia del equilibrio.
En efecto, el equilibrio para la vida es sinónimo de muerte o de enfermedad.
Desde este punto de vista nosotros podemos comprender que la potencia de las nuevas tendencia terapéuticas, tanto somáticas como psíquicas, apuntan sistemáticamente al logro de un equilibro del organismo; equilibrio que es pensado de acuerdo a los modelos informáticos que producen grillas de "salud" y "enfermedad".
De esta manera vemos avanzar una fuertísima tendencia "artefactualizante" que consiste en evaluar los organismos como si se trataran de artefactos. Ahora bien, un artefacto que conoce desperfectos implica siempre un problema, porque el artefacto es un ente fabricado con una finalidad a la vez práctica (útil) y transitiva, que sirva para algo, lo que nos permite su evaluación y corrección.
El problema con el que nos encontramos aquí, es que a diferencia de los artefactos, un organismo vivo se funda y existe bajo una condición de lo que podríamos llamar "una falla fundadora". Esta "falla" es una manera de nombrar los complejos procesos que permiten que un organismo vivo exista y se desarrolle siendo, el mismo, su propio fin. O sea, que un organismo no puede ser evaluado como "con desperfectos", dado que el no es ni un útil, ni un medio para un fin. La vida, toda vida es su propio fin.
En este sentido, la medicina "modular", ésta que disloca el cuerpo y la mente del paciente en funciones precisas para poder evaluar su rendimiento, es una medicina artefactualizante, que cuanto mas pretende corregir sus “desperfectos”, mas pone en peligro la singularidad propia del ser humano, es decir sus fallas fundadoras que no son otra cosa que la manifestación de la singularidad del ser viviente.
G. Cangüilhem (1966)[ii] hace ya unas décadas, explicaba en "Lo normal y lo patológico", que un organismo sano prefiere siempre perseguir su destino más que proteger su vida. Es decir, la vida de un organismo no puede ni siquiera ser confundida con su sobrevida biológica.
Este es un verdadero problema, que es un problema cultural y social. O aceptamos una sociedad y prácticas que producen una sobrevida utilitarista, en nombre de la sacrosanta "seguridad"; o bien somos capaces de defender y desarrollar una vida en su sentido más profundo y complejo.
La cuestión de fondo que se nos impone entonces es la de pensar a la humanidad en términos de “organismo” o de “artefactos”. Si optamos por pensar al hombre no como un conglomerado de módulos, es decir, no como un simple soporte de funciones cognitivas agregadas unas a otras, sino como una totalidad orgánica bio-psico-social, deberemos empezar por reconocer entonces que los límites de la ciencia en sus posibilidades de “mejorar” los organismos debe tener como horizonte la integración orgánica y no el devenir modular del mismo.
Desde esta perspectiva es necesario concebir los organismos no basándose en modelos técnicos y mecánicos que lo reduzcan a una máquina, sino teniendo en cuenta la relación del organismo con el medio en que vive, su éxito en sobrevivir en el medio (y por ende su relación con "quiebres" genéticos y "anormalidades") y su complexión que es siempre mayor que la "suma de sus partes".
No perder de vista que el organismo debe poder asimilar, metabolizar; porque para los organismos, el medio, lo que le sucede, tiene "sentido". Esta es la gran diferencia. En el mundo de lo agregativo no hay mas sentido endógeno. Es a partir de criterios y grillas exógenas que se juzga y se interviene.
En estas circunstancias, los nuevos sufrimientos psíquicos deben comprender así el componente iatrogénico de la medicalización, de la modularización del hombre y de su psiquis, que al no concebir los mecanismos orgánicos de regulación como necesarios y fundamentales, pretende extender la vida, interviniendo incluso sobre sus cerebros, favoreciendo así su colonización por la lógica de los artefactos.
Para un artefacto, cualquier desperfecto es negativo para la vida, y en especial la vida psíquica, desconociendo que las fallas son la base de las asimetrías que la fundan.

Acerca de la medicalización de los malestares contemporáneos y la vida misma:
“Pastillas para el dolor de vida”. Así se titulaba una nota aparecida en 2011 en un prestigioso periódico[iii] de circulación masiva en España, que continuaba anunciando lo siguiente: “El uso de antidepresivos se ha disparado en toda Europa. En España o Reino Unido se ha duplicado en 10 años. Se prescriben indistintamente para la tristeza cotidiana o el duelo”. Es que “hay un consumo indicado por los médicos pero también reclamado por los propios pacientes para problemas relacionados con diversos tipos de conflictos cotidianos, el sufrimiento y el dolor psíquico. Para afrontar un duelo, para paliar el malestar tras una ruptura amorosa, también para los problemas laborales”, advertía al respecto la que por aquel entonces era la presidenta de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN). “Los médicos, los prescriben para afrontar estas realidades, como también para los síntomas leves y moderados”.
En la misma nota se asegura mas adelante que fruto de estudios epidemiológicos realizados en Europa, se observa que desde que en los años noventa la industria farmacéutica y algunas sociedades médicas hicieron programas específicos y campañas de difusión para ayudar a detectar la depresión éstos diagnósticos se han incrementado de manera llamativa. Se reconoce al respecto que al ampliarse los límites de lo que se considera una “depresión”, tras ese constructo, y bajo ese paraguas, hoy se incluye cualquier sintomatología de tristeza o desánimo que se pueda tener, aunque ésta sea sana, legítima y proporcionada. Sería ésta la principal razón por la cual diferentes estudios coinciden en señalar que tanto la detección actual de la depresión, como la prescripción de antidepresivos, son parámetros que actualmente superan por lejos las cifras de prevalencia de esta patología en la población general en comparación con los estudios epidemiológicos clásicos.
En la misma nota se advierte por último que los fármacos para tratar la depresión inducen ciertos estados psicológicos. Suelen producir un distanciamiento emocional, para bien o para mal, de lo que está pasando. En otras palabras, una especie de “anestesia emocional”: “Si estoy tristísimo, una pastilla me viene bien, pero ya no vivo tan intensamente”. Al respecto y como se indica en el mismo prospecto, esta medicación provoca, por ejemplo y entre otras cosas, una pérdida de deseo sexual. Es que todo tiene un costo.
Evidentemente, semejante reducción de la psicopatología actual a una especie de “ciencia física” que concibe a las personas como simples estructuras mecánicas conteniendo un equilibrio químico físico no puede dar cuenta de la complejidad de la vida humana. Sin embargo, todo parece indicar que es esta tendencia a “medicalizar  la vida”, la que prevalece en estos tiempos, de manera particular y por su vulnerabilidad, impactando en el campo de la salud mental. Es así que se patologiza el sufrimiento humano que tan mal se tolera hoy y al que se responde farmacologizándolo.
Repensando la medicalización de la vida desde la perspectiva del pensamiento complejo.
La salud mental constituye un tema complejo y multidimensional al que se abocan diversos campos de estudio, sin que ninguno de ellos pueda por sí mismo agotarlo en su totalidad.
A lo largo de los años -de manera particular- aquello que se considera “normal” o “patológico” ha sido objeto de estudio de la medicina, la psicología, la sociología, la filosofía, entre otras ciencias, de modo tal, que esto ha dado lugar a que se construyan diversas teorías acerca de la génesis y características de ambos estados, reeditando de manera cíclica la vieja antinomia “cultura” versus “natura”, al caer por uno u otro extremo, en simplificaciones de carácter psicologicista, o bien, como se observa hoy avanzando a paso firme, en explicaciones de fuerte sesgo biologicista/innatista. Obviamente -según cual sea el marco teórico referencial que sustente nuestras prácticas- las intervenciones propuestas ante las diversas problemáticas que se presenten en torno a ellos, variarán.
Al respecto, desde el paradigma de un pensamiento complejo, el mismo en el que se apoya la nueva legislación vigente en nuestro país en materia de Salud mental (Ley  Nacional N° 26.657) y con el propósito de hacer resistencia al avance de prácticas tecnocráticas, profundamente desubjetivantes, resulta necesario hoy insistir nuevamente en la necesidad de superar esta falsa dicotomía, para poder pensar la salud mental, desde un enfoque integral de la misma. Es decir, en términos de complejos procesos de construcción que realizan los sujetos en interacción con su medio ambiente social, familiar, y en el que intervienen, de diversa manera, variables y factores históricos y actuales, de carácter biológicos, psicológicos y socio culturales, tal como oportunamente advertía Freud (1917) al desarrollar el concepto de “Series Complementarias”
Pero pensar en términos de “complejidad”[iv] no es sencillo y tiene sus consecuencias. Se trata de una reorganización de todo el pensamiento que produce efectos en la mirada y –por lo tanto- en aquello que es mirado. Requiere en principio disponernos a revisar la concepción de “hombre”, de “vida”, “de salud y enfermedad” sobre la que se apoyan luego nuestras intervenciones.
Pensar en términos de complejidad implica[v]:
- Abandonar aquellos modelos de pensamiento en el que lo “fenoménico” se nos presenta a la manera de un “dato” que puede ser “clasificado” y “ordenado” por su correspondencia con “una causa”.
- Poder aproximarse a las problemáticas en salud mental considerando desde esta perspectiva integral a quien será el destinatario de la intervención clínica, a la manera de una unidad heterogénea, como un sistema compuesto por elementos que no son separables, que no pueden pensarse independientemente unos de otros, que no pueden estudiarse en forma aislada de su historia y contexto.
De esta manera, pensar en términos de Complejidad nos previene de considerar de modo independiente, “disociado”, cada uno de los aspectos particulares de un fenómeno, de modo que ninguna de sus dimensiones, particularmente si nos estamos refiriendo a “fenómenos humanos”, pueda ser pensada de manera aislada, desconectada del resto de la vida y ubicada en el lugar de “la causa”. Porque “la causa”, en todo caso, desde la concepción orgánica que explicábamos anteriormente, se encuentra en el funcionamiento del sistema en su totalidad.
Al respecto, resulta oportuno advertir que -desde esta perspectiva- la complejidad de los procesos de la vida psíquica, tal como sucede con todos los fenómenos humanos en general, no deja lugar a dudas acerca que los mismos tienen un fundamento neurobiológico, pero no solamente.
Para su comprensión, resulta necesario entonces, considerar la multideterminación de variables que inciden en su producción, más allá del dato biológico. Es decir, atender -de manera particular- a las condiciones singulares e históricamente contextualizadas en las que los sujetos manifiestan padecer sufrimiento psíquico, considerando -en este sentido- tanto sus condicionamientos  emocionales (ligados a la  vida afectiva consciente e inconsciente, de la que dependen a su vez las funciones cognitivas), como a su historia y el medio socio cultural en el que éste se encuentre inmerso.
De la medicalización de los malestares de la vida, a la medicalización de la educación y su impacto sobre las infancias.
A contramano de lo que enunciamos en el punto anterior, y retomando con esto lo que se venía planteando en la introducción de este trabajo, hoy se observa de manera preocupante, como se viene instalando desde “cierta ciencia”, un tipo de discurso simplificador y tecnocrático, de fuerte sesgo biologicista, que apoyándose en ese modelo “artefactual” del ser humano que veníamos describiendo, propone pensar a la “mente humana” apelando como metáfora al “modelo computacional”. Desde esta perspectiva, ahora también impactando fuertemente en el campo educativo, se insiste entonces en que, como tal, las funciones cognitivas que de ésta dependen, pueden ser programadas y o re programadas, incluso considerándoselas de manera dislocadas del resto del psiquismo y del mismísimo entorno escolar, en función de las necesidades del Mercado.
De esta manera, descontextualizando-disociando-recortando, se atribuye -por aplicación del modelo de “causalidad lineal”[vi]- toda la responsabilidad por los “problemas” que los niños puedan manifestar en la escuela, a “deficiencias neurológicas y/o genéticas”, o –incluso- a “supuestas” deficiencias neurogenéticas” (para la que hasta la fecha ni siquiera se cuenta con evidencias científicas que la corroboren).
Al respecto, y en atención a diversos desarrollos referidos al fenómeno de la “Patologización y Medicalización de las infancias actuales”[vii], proponemos pensar que intentar explicar los problemas de aprendizajes a partir de grillas de medición de funciones cognitivas “bajo sospecha”, supone una percepción parcial del  “escolar en problemas” que, por esta vía, queda reducido exclusivamente al orden de una estructura biológica a partir de la cual se termina incluso invisibilizando al niño, niña u adolescente.
En efecto, resulta oportuno considerar en relación a este tipo de prácticas tecnocráticas que tienen lugar también en el campo educativo, como este tipo de “evaluaciones” diagnósticas suelen devenir en “etiquetas” en su pretensión de explicar tanto y tan acabadamente al niño, niña u adolescente que manifiesta dificultades para adecuarse a las expectativas escolares, que éstos termina perdiéndose en un “nombre” ( ADD-H; TGD; Disléxico, etc.) que -sin ser el suyo- lo define desde el otro y para el otro (el profesional), que -en ese acto- se arroga el “saber/ poder” de una respuesta en el lugar donde debería haber una pregunta.
En su lugar, reiteramos, desde una perspectiva crítica respecto de este tipo de prácticas y desde la privilegiada perspectiva que ofrece el Paradigma de un Pensamiento Complejo, entendemos a los procesos de aprendizaje como un entramado somato, psíquico y social, de modo que cuando éstos devienen en problemáticos requieren ser abordados desde una perspectiva interdisciplinaria
Resulta fundamental entonces considerar en todo momento que -durante la infancia y la adolescencia- mientras el niño va cursando la construcción de diversos tipos de aprendizajes (sistemáticos y asistemáticos), éstos procesos no se realizan disociados de otros procesos vinculados con el crecimiento y la constructividad corporal inscriptos en un determinado contexto socio cultural –indisociables- de la constitución de su subjetividad.
Y es preciso subrayar esta cuestión, para que se comprenda lo riesgoso que resulta no considerar la historia y las situaciones contextuales en las que emergen las problemáticas del aprendizaje. Así como, los alcances e implicancia de esa tendencia audaz  y ligera, a forzar -en no pocas oportunidades- la “rotulación” o “encasillamiento” de una “problemática del aprendizaje”, adjudicándole un nombre de un “Sindrome”-“Trastorno” o “Déficit”, tal como se observa que viene ocurriendo de manera generalizada bajo la influencia de un “modelo artefactual”( computacional), que -desconociendo las espesuras de la condición humana- piensa  restrictivamente a las funciones cognitivas en términos de relaciones con el sistema nervioso determinadas genéticamente, variable ésta interviniente, sin lugar a dudas, pero -como venimos diciendo- no la agota.
Sólo cuando reemplacemos el modelo interactivo (genoma / fenotipo) por el modelo orgánico, que como se explicó, ubica al genotipo y a la experiencia (la historia, el acontecimiento) como dimensiones heterogéneas de un mismo nivel lógico, es que estaremos en condiciones de salvar al niño de un destino prefabricado por ese “nombre / síndrome/ trastorno” que lo nombra y al nombrarlo, lo constituye en un encierro.
En este sentido, la dimensión ética que conlleva este posicionamiento epistemológico, atiende fundamentalmente a considerar que las consecuencias del modelo de pensamiento que se sostiene tanto en nuestras intervenciones en el ámbito de la clínica, como aquellas que se ejercen desde las escuelas, las recibe el niño.

Bibliografía:
- Benasayag, Miguel. (2010) “Organismos y artefactos” Ed de La Découverte. Paris
- Cangüilhem (1966)  Le Normal et le pathologique, París, PUF. Tr.: “Lo normal y lo patológico”. México
- Dueñas, Gabriela (2013) “Niños en peligro. La escuela no es un hospital”. Ed Noveduc
- Filidoro, N. (2011) “Cuando las etiquetas se tornan invisibles” en Dueñas, G.(2011) “La patologización de la Infancia.¿Niños o Sindromes?”. Ed Noveduc. Bs As
- Sitio Web recomendado. Blog de Laboratorios Sociales en Argentina – LSA-. Director Miguel Benasayag. Coordinadora Académica: Gabriela Dueñas.:


[i] Para referir al “antropocentrismo”

[ii] Cangüilhem (1966)  Le Normal et le pathologique, París, PUF. Tr.: Lo normal y lo patológico, México, Siglo XXI, 1986 ISBN 978-968-23-0183-4.

[iii] Diario El País. Madrid, 2011.

[iv] Siguiendo para esto  y en principio a Edgard Morin

[v] Como señala Norma Filidoro

[vi] Apelando para esto a las descriptas “operaciones de reducción y simplificación”.

[vii] El fenómeno conocido como el de la patologización y medicalización de las infancias y adolescencias actuales refiere a una tendencia de fuerte sesgo biologicista/ innatista, consistente en simplificar problemáticas complejas y de diverso orden con las que en la actualidad nos interpelan los chicos desde las aulas, reduciéndolas a “supuestas deficiencias neurocognitivas” portadas por los mismos. Así, puede observarse cómo, tal como se anticipó, cada vez con mayor frecuencia, se los deriva rápidamente a atención médica-neurológica para que sus ”trastornos” de conducta y o aprendizaje sean eliminados prontamente apelando para esto a tratamientos en base a drogas psicoactivas y o a programas de reeducación y adiestramiento conductual, omitiendo al mismo tiempo, y de manera llamativa, cualquier tipo de consideración a variables de otra índole que pudieran estar interviniendo, como aquellas ligadas por ejemplo (y nada menos) que con sus historias o condiciones de vida sociales, escolares, familiares, etc. Los mecanismos de escisión a partir de los cuales operan estos discursos profundizan así la supuesta brecha existente entre los aspectos cognitivos y socio afectivos que constituyen a los sujetos como tales, en este caso los niños, niñas y adolescentes.

sábado, 5 de julio de 2014

COMPARTIMOS EL MÁS RECIENTE ARTÍCULO DEL DR. MIGUEL BENASAYAG



REVISTA MU- SEPTIEMBRE 2013
Homo sapiens 2.0

MIGUEL BENASAYAG, CIENTÍFICO Y MILITANTE
Argentino exiliado en Francia, tiene media docena de títulos y otros tantos doctorados, pero su mayor experiencia la adquirió como integrante del ERP. Esa mezcla le permite una mirada única sobre temas inquietantes: cómo se modificó el cerebro de la especie humana y qué tipo de ser originó el sistema de poder actual, dominado por la macroeconomía y la técnica. Temas difíciles que explica con humor y ejemplos criollos. De los genes a Macri.

 
  > Estudió Medicina, luego psiquiatría, antropología, espistemología y neuro-fisio-patología, entre otras cosas, pero su formación académica la recibió en el ERP-PRT, que completó con un posgrado en Cárcel y un doctorado en Exilio. Miguel Benasayag es científico y militante, dos formas de adquirir conocimiento que construyeron un estilo propio, muy particular. Para escucharlo hay que deslumbrarse primero con sus definiciones expuestas con carisma y humor, afrontar el desasosiego que producen sus revelaciones sobre la actualidad global a escala humana y celebrar cuando el militante recupera el timón del charla y la ilumina señalando no arriba, no el horizonte, sino este pedacito de suelo que pisamos hoy, a partir del cual podemos construir un destino diferente.
> > A esa tarea de crear juntos, acá y ahora, una forma de vida mejor él la llama “construir un zócalo”.
> > Así estamos.
> > Glup.
> > ¿Cómo llegamos tan abajo?El viaje es largo y su ruta fue construida con la promesa de un falso destino final: el Progreso.
> > Si tengo que explicarlo con mi nivel de colectivero de la línea Ciudadela-Púan, anunciaría las siguientes paradas:
  • Sociedad feudal: gobierno de las almas. Pastores al poder, controlan los rebaños. Parada Michael Focault, ramal 1.
  • Sociedad moderna: gobierno de las poblaciones. El Estado al poder, controla a los ciudadanos clasificados según su potencia productiva: sexo, raza y clase. Nace el biopoder. Parada Michael Foucault, ramal 2.
  • Sociedad posmoderna: gobierno de las subjetividades. El mercado al poder, controla cómo somos y queremos ser. Nace la sociedad de control a cielo abierto. Parada Gilles Delleuze esquina Félix Guattari.
  • Sociedad transgénica: gobierno de la especie. La ciencia y la técnica al poder, gobiernan los genes. Señoras y señores: llegamos a destino. Parada Miguel Benasayag.
> > Bajen y lean.

Lo nuevo

> > Mi doble formación en las llamadas ciencias duras y en las ciencias humanas trato de aplicarla para comprender los cambios de paradigmas entre lo que Focault llama la modernidad y lo que está pasando ahora. Hoy ese cambio es de mutaciones reales: lo vivo está cambiando. No se trata solo de que hoy otro paradigma cultural, tampoco es un cambio de cartografía, sino de territorio, de la materialidad del mundo. Estamos viviendo un cambio absolutamente radical y mayor. Lo que investigo, entonces, desde un laboratorio y cruzando diferentes investigaciones, saberes y disciplinas, responde a una pregunta: veamos qué es lo que empieza ahora, qué está emergiendo.

Pedrito tiene celu

> > En general la idea que uno tiene es que los seres humanos son objetivamente los mismos aunque vivan en sistemas diferentes. Mi trabajo investiga, en distintos niveles, cómo un ser humano que vive en un sistema no es fisiológicamente igual a otro que vive en una constelación moderna. Y la pregunta es ¿por qué? Lo que está pasando ahora, el cambio que está sucediendo ahora, es un cambio radical en la materialidad del Hombre, en la especie humana. Todos los biólogos que trabajan e investigan la evolución humana están convencidos de eso. Hay algo que está pasando a nivel biológico y que está marcado por las técnicas de la inmediatez y la comunicación, entre otras cosas. Por ejemplo: la idea naif dice que Pedrito antes no tenía un celular y ahora Pedrito tiene un celular. Y punto. Lo que yo estudio es si Pedrito sin el teléfono celular es el mismo Pedrito, pero con teléfono. Culturalmente, por supuesto, es más evidente que hay una diferencia. Mi trabajo es investigar qué cambió en el cerebro de Pedrito: si anatómica y neuronalmente es el mismo.

Pedrito tiene compu

> > Pedrito ahora tiene una computadora. Perfecto. Po otra parte sabemos que la plasticidad neuronal está relacionada con mecanismos de reciclaje. Un ejemplo: las conexiones y las neuronas que se ocupan de la lectura. El hombre de las cavernas no las necesitaba. Y no es que antes de que se inventara la escritura estaban ahí aburriéndose, esperando que se invente el libro: se ocupaban de otra cosa. ¿En qué? En desarrollar una cierta capacidad de cazador, en la atención y detección de los peligros y potencialidades del medioambiente. Ahora ya sabemos que esas zonas utilizadas por el cerebro del hombre de las cavernas, a partir de la escritura y de la lectura silenciosa, se reciclaron. La especie humana toda perdió en ese reciclaje habilidades que eran imprescindibles para el hombre de las cavernas. A nivel anatómico esto puede verse: el cerebro del hombre de la modernidad es más liso que el del hombre de las cavernas. Ese alisamiento representa un proceso que llamamos de desterritorialización. ¿Qué significa? Que el hombre moderno se transforma en un tonto con respecto al medioambiente. Pero ojo: lo que una especie pierde otra especie se lo apropia. Es lo que llamamos co-evolución. Todo lo viviente está relacionado. ¿Qué está pasando ahora con el cerebro de Pedrito desde que tiene una computadora? Bueno: que desde la lectura silenciosa no se veía una transformación análoga a nivel cerebral. Estamos con el cerebro más lisito. Es decir, más desterritorializados.

Se me prendió una neurona

> > Cuando las computadoras aparecen, aparecen sobre todo mecanismos de cálculo y de memoria. Y de repente la especie humana empieza a delegar esas funciones en la computadora. Poco a poco, el cerebro se va transformando: pasa de ser un cerebro esculpido – con recuerdos, olvidos, traumas, intensidades diferentes- a un procesador de información. ¿Qué significa esto? Que estamos otra vez ante un proceso de reciclaje neuronal. En el laboratorio estamos viendo ahora mismo cómo se produce ese reciclaje neuronal, vemos muy bien cuáles son las neuronas que se alumbran y cómo esas neuronas se prendían antes por otra cosa. ¿Po qué? Porque se está produciendo una reorganización del cerebro humano. ¿Cómo? Se está transformando en un aparato de procesar información, pero de una manera especial: esa información en ningún momento hace mella, no esculpe, no marca. Simplemente es flujo, pasa.

Mutantes

> > Si la tendencia actual pudiera afirmarse, nuestro cerebro terminaría siendo totalmente liso. Pero constatamos que la tendencia actual no se completa, por emergencia de síntomas y disfuncionamientos. O sea: hay algo que disfunciona, rompe el proceso. Pero también notamos que los núcleos subcorticales que se ocupan de las coordenadas espacio-temporales se atrofian. Eso parecería ser una tendencia afirmada. Es decir: no es que el tipo ese que está ahora cruzando la calle ya no sabe dónde está el Obelisco. Lo que seguro no sabe es dónde está el Norte o el Sur, la derecha y la izquierda de su medio ambiente. Ese es el proceso irreversible: vamos perdiendo de a poco la noción de espacio porque la noción cerebral que nos ayuda a situarnos territorialmente se atrofia. Son ejemplos tontos, ya lo sé, pero los uso para dar una idea simple de algo enorme: la raza humana está mutando. La idea tonta es creer que una mutación significa que ahora van a nacer bebés con tres orejas, pero las mutaciones no necesitan ser anatómicamente tan explícitas para tener el efecto de cambiar a toda la especie.

Ser transgénico

> > ¿Es lo mismo una especie humana territorializada que una desterritorializada? Es decir, ¿es lo mismo que seamos seres con conciencia de nuestro espacio vital o no? Nuestra respuesta es clara: no es lo mismo. Y lo demostramos con nuestras investigaciones. El mundo de la desterritorializacion de lo viviente construye un viviente diferente: el viviente transgénico.

Apartheid genético

> > ¿Esto es bueno o malo? ¿Es mejor o peor? Veamos. Hoy en día hay todo un mambo con las llamadas nanotecnologías, la manipulación genética y todas esas tecnologías derivadas de las corporaciones biotecnológicas que nos plantean escenarios muy complejos. Por ejemplo: ponele que en tal lugar hay un problema de salud concreto creado por la contaminación que producen los agrotóxicos de Monsanto. OK. La corporación biotécnológica está en condiciones hoy de ofrecerte una modificación genética que te hace inmune al veneno de Monsanto. ¿Esto qué significa? Que están las puertas abiertas para que se produzca una modificación de lo vivo. Ya lo sabemos a nivel de las semillas de la soja, por ejemplo. Pero a nivel de lo humano lo que representa es nada menos que la posibilidad de romper la unidad de la especie. Un aparheid genético.

Lo que se rompe

> > Todo esto se hace en nombre del bien, del progreso. Pero los científicos ya sabemos lo que pasa después, las consecuencias: al cabo de una cierta cantidad de mutaciones manipuladas se rompe la unidad de la especie. No te reproducís con cualquiera. Es lo que pasa en las plantas y algunos animales genéticamente modificados.

Lo anormal

> > Vemos ahora que representan estos cambios a nivel de sistema, de organización social. El fenómeno fundamental de estos tiempos es que hay una organización automatizada del poder, aquello que Focault llamaba “la estrategia sin estrategas”. Esa forma de poder que funciona de manera autónoma está representada por lo que llamamos la macro economía y la técnica. Son las dos cosas que hoy ordenan la realidad. Los nuevos lugares sagrados. Es cierto que hay canallas horribles, políticos corruptos, especuladores inescrupulosos que están destruyendo el mundo y se aprovechan hasta de sus escombros. Pero no hay nadie que esté dirigiendo ese proceso. Pongamos un ejemplo: Magnetto, el malo de la película de estos días. Por más hijo de puta que sea Magnetto, el problema estructural no se llama Magnetto. Él está al servicio de esta combinatoria macro económica. Y si el mañana no quiere hacer más la hijoputez que está haciendo hoy, lo rajan y ponen a otro. Los canallas horribles lo único que pueden hacer es ocupar puestos importantes adentro de una estrategia sin estratega. El poder lo tiene la macroeconomía y la técnica y lo ejerce creando focos de valores. Todo lo que la técnica hace posible se transforma en normatividad: es “normal” porque así es el “progreso”.

La mentira del progreso

> > El progreso sin un mito -en el sentido antropológico, y con materialidad objetiva- no tiene ningún sentido. Para que alguien pueda decir “hay progreso” tiene que saber que ayer estaba en Chacarita, hoy en Medrano y que, en realidad, a dónde quiere llegar es a Leandro N. Alem. Para que haya progreso primero tiene que haber un trayecto con un objetivo. Es muy importante darse cuenta que hoy cuando nos dicen que tal avance técnico-cientifico es un progreso lo que nos están diciendo es una mentira ideológica.

El nacimiento de la política

> > La política nace en la modernidad occidental en el momento de la sacralización de la sociedad: hay un desplazamiento de los lugares sagrados hacia la sociedad. La sacralización de lo social le da al hombre – como promesa, como devenir- todos los atributos de cualquier sacralidad: todo le está permitido, no ya, sino cuando llegue el momento. Entonces aparece la idea de que si el Hombre es el sujeto sagrado, tiene que poder decidir de todo. Tiene que poder decidir del fin de la injusticia, de la escasez, dela enfermedad… La política es eso.

El desteje

> > Hoy en día, ese Hombre de modernidad está desterritorializado de él mismo: se está destejiendo. Y la política manifiesta este desteje en la perdida de potencia de la relación de las personas con sus instituciones. Está pasando exactamente lo mismo que en el Renacimiento, cuando la Iglesia le dice a Galileo: “Te vamos a matar: la Tierra no se mueve” pero las naves del Vaticano navegaban con las cartografías de Galileo. Estamos en ese punto.

Macri y los mediocres

> > Ahora tenemos a las iglesias modernas – los partidos y sus candidatos-, demostrando que hay que ser muy ignorante para ser político. Y que están muy al pedo. Porque, ¿de qué se ocupa un candidato? Solamente de ser elegido. Si sos muy inteligente olvídate de ser candidato. Para ser candidato tenés que ser un mediocre total. Tenés que querer aprovecharte del poder y esas cosas… Es rarísimo que hoy aparezca un Mandela , aunque es cierto que de vez en cuando aparece un tipo decente. ¿Qué pasa entonces? Esos tipos y tipas, cuando están del otro lado, se dan cuenta de que no es posible hacer nada; o muy poco. No es que traicionan: no pueden hacer nada. Entonces, claro, van a hacer alguito para mantener un consenso, pero no tocar la macroestructura : eso es lo imposible. El secreto que mejor conocen los políticos mediocres es la impotencia. Y les rompe las pelotas que la gente lo empuje, lo empuje… porque no pueden, no pueden. Macri no puede y está chocho. Ese es el secreto del mediocre.

El apartheid social

> > ¿Cuál es la diferencia entre Macri y los otros? Macri tiene una diferencia fundamental que le da una potencia enorme. Macri, como todos los políticos neoliberales, sabe que mañana no va a haber agua para todo el mundo; sabe del desastre. Entonces dice: hay que construir barrios cerrados, ciudades cerradas, hay que construir ya el apartheid social que haga que nosotros, los privilegiados, podamos seguir viviendo.

El arte como resistencia

> > Donde hay poder hay resistencia, es cierto. Lo que nosotros vemos que resiste a esta fuerza horizontal de la técnica y la macroecnonomía, lo único que vemos que resiste son los cuerpos. Los cuerpos de los bichos, de las plantas y los nuestros también. Pero esa resistencia no se puede comprender como heroica y positiva. La resistencia a eso no son 5 hippies o 3 izquierdistas haciendo tai chi: la resistencia hoy es el desarrollo del cáncer. La resistencia se expresa en la no-viabilidad de esas vidas. La gente se muere de cáncer, la gente se vuelve loca… Lo único positivo de del sufrimiento de esos cuerpos se expresa en el arte. En el teatro y danza en particular, cuando manifiesta esta resistencia, este despedazamiento de los cuerpos, cuando nos recuerda que así no puede ser: no es posible. Ese arte no está dando pistas sobre las nuevas formas de asociación que podrían emerger en este proceso de resistencia que nos enferma.

Hormigas y cucarachas

> > El otro día escuchaba en la radio a Víctor Hugo. Él tiene una periodista que se ocupa de ecología que informa sobre el desastre. Victor Hugo siempre le dice: ´No hay que dejar de hacer, pero tampoco ser tremendista. Todo sistema se autoregula´. Entonces y así el único problema que no deja dormir a Víctor Hugo en paz es el cretino de Magnetto. Lo que no sabe Víctor Hugo –y si lo supiera capaz que le provocaría un insomnio mayor que Clarín- es que por supuesto que el ecosistema se va a autoregular, pero no tenemos ningún contrato firmado con nadie para que esa autoregulación nos incluya. Las hormigas y las cucharas, sí.

Demagogia cero

> > Ojo: yo pienso que hay que juzgar a los militares y meterlos en cana, lanzar la Ley de Medios, pero, a la vez, trabajar en un plano más profundo. Para usar una metáfora médica: estoy de acuerdo con las curas paliativas del sida; pero hace falta que alguien se arremangue ya y empiece a estudiar la posibilidad de una vacuna.

Izquierda y desarrollo

> > Mientras puteamos a Magnetto se está creando en la gente la ilusión de que si este hijo de puta no estuviera más la vida, nuestra vida, sería mejor. Y eso es gravísimo: canaliza la potencia de la gente en un problema que es periférico con respecto al engranaje real. ¿Es una crítica al gobierno? OK Entonces soy opositor y voto a la izquierda. La izquierda gana. Ojo: digo que la verdadera izquierda gana, la más radical. Perfecto. ¿Qué piensa esa izquierda? Que sin desarrollo de las fuerzas productivas no hay posibilidad de justicia social. Seguramente tendrá todas las justificaciones teóricas para pensar eso, pero hay un problema: si sigue este tipo de desarrollo, el planeta explota. Ningún partido, ni por más radical de izquierda que sea, puede hoy decir: “O encontramos nuevos modos de consumo, intercambios, de compartir, o esto se va al carajo”. Y esa es la cruel verdad de estos tiempos. Pero, ¿quién gana una elección diciendo: “Si llegamos al poder van a tener que olvidarse de usar el aire acondicionado y la 4 x 4 se la van a meter en el culo”. No los vota nadie.

La enfermedad del trabajo

> > No hay más trabajo para todos. Es un hecho. Marx no lo sabía porque no tuvo en cuenta la finitud del modelo productivo en relación al crecimiento poblacional. Pero también es un hecho que la puerta de entrada al cáncer y la locura es el trabajo Hablo del más formal y mejor pago: el corporativo. El sistema enferma y enloquece desde ahí. Esa es otra cruel verdad de estos tiempos. Y así La Verdad se va transformando en algo cada más complejo y difícil. Una amenaza enorme. Yo, que adoro a Sartre, sé que prefirió ocultar el desastre que era la Unión Soviética para “no desesperar a la clase obrera”. Terrible error. Todo el trabajo de base que hacemos, todos los espacios que construyamos, tienen que lograr la potencia de cambio de la que es capaz la gente sin que sea a costa de ocultar la verdad, por más compleja y desesperante que nos parezca. Porque quizás esa complejidad sea la base de la potencia de nuestra acción.

Lecciones de ayer

> > El conflicto siempre es múltiple. Y hay una gran conflictualidad en Argentina. Conflictualidad quiere decir que no hay dos bordes, sino muchos. Lo aprendí en los años 70, con el feminismo, la contracultura del rock, el hipismo, las pequeñas comunidades, las luchas revolucionarias… La represión, ¿qué hizo? Atacar esos niveles de conflictualidad -culturales, artísticos, sociales-, hasta llegar al enfrentamiento armado. Y cuando llegó ahí, ya habían ganado. Y nosotros -para hablar solamente de lo que conozco, del ERP- caímos en la trampa de ir al enfrentamiento de Los Malos vs Los Buenos. En vez de retroceder y decir: “Bueno, paremos a pensar. Acá el nivel de conflictualidad está desapareciendo y estamos quedando reducidos a una sola cosa”. Nosotros, que solidariamente imprimíamos el diario del Frente de Liberación Homosexual, nosotros, para quienes el Che Guevara era el tipo que había defendido el arte surrealista no figurativo frente a la bosta del realismo socialista, nosotros caímos en la trampa de enfrentar el buró político del bien contra el buró político del mal. Aparecieron entonces los grados militares, los uniformes, y toda una manga de horrores que llevaron a decir: “El tipo que canta canciones de protesta tiene que agarrar los fierros”. ¿Por qué? Porque así los dirigentes podían dar libre curso a su deseo totalitario de enfrentamiento. Esto es lo que acabo de co-escribir con mi ex comandante Luis Mattini, en un libro donde explico esta posición y él me contesta. Y no lo escribo para renegar de esa experiencia: de todos los doctorados y diplomas que tengo, considero que lo más importante lo aprendí en los años de militancia en el ERP y los años de cárcel.

Pensar el somos

> > ¿Qué haría ahora si estuviese militando en Argentina? Lo primero que haría es decir: “Paremos de decir pelotudeces. Lo segundo, es dejar de pensar en función de la dupla esperanza/desesperanza. Y pensar la acción en función de potencia concreta. Por último, pensar qué queremos ser juntos. El “somos”. Si el somos es la suma se hombres y mujeres absolutamente impotencializados, serializados, el desastre es inevitable. No hay que ceder al nihilismo nazi estilo Macri que proclama “la armonía es para pocos” ni caer en el horror moderno que dice “Como ustedes tienen hambre no hay otra: rompamos la montaña y saquemos oro”. Hay que pensar en términos de la alegría que produce la acción, la potencia concreta. Y pensar ese “somos” más allá de hombres y mujeres, incluso más allá de la especie humana. Pensarla en términos de ecosistemas.

El zócalo

> > Lo que tenemos que crear en un zócalo común. Pero concretamente ¿Con quiénes? Para encontrarlos recurro a Marcuse, cuando nos habla de la potencialidad de los márgenes: desclasados, villeros, pobres, inmigrantes. Ese es el eje de mi militancia. Ahora mismo, por ejemplo, estoy trabajando en París con inmigrantes islámicos. Y es un desafío. Estamos hablando de una cultura que no solo oculta a las mujeres tras un velo: les cercena el clítoris. ¿Cómo construir con esas personas el zócalo? Tratamos de ver que, en realidad, los cuerpos son un problema que tenemos en común. Eso saca al occidental del lugar de avance que, efectivamente, la lucha del feminismo y los homosexuales había logrado, para mostrar que hoy tanto Occidente como Oriente tienen en común un zócalo horrible: el odio total de los cuerpos. Uno trata de borrarlo técnicamente y el otro, religiosamente.

 

Pensar y escribir
Miguel Benasayag se exilió en Francia a finales de los 70 donde atiende aún dos veces por semana su consultorio en el Servicio de Psicopatología Infanto Juvenil del Hospital de Reims. El resto de su tiempo lo dedica a la investigación científica y a la militancia con grupos de inmigrantes ilegales. Es autor de más de 30 libros, publicados en 12 idiomas.
Hace unos años creó el proyecto Laboratorios sociales en Argentina, que ac-
tualmente dirige. Es una red de investigadores criollos que conecta su proyecto con profesionales de Brasil, Francia, España e Italia. Más data:
http://laboratoriosocialesargentinabenasayag.blogspot.com.ar/
Acaba de publicar un libro junto a Luis Mattini, quien fue su responsable político en el ERP-PRT. El título: La vida es
una herida absurda. El tema: revisar autocríticamente la experiencia de la militancia política en los 70 y, especialmente, la decisión de organizar un brazo armado.
El otro libro que acaba de publicar es El mito del individuo, editado por Topía. Comienza así: “Nada de ilusiones, de sueños, de utopías: la roca sobre la que reposa la ruptura histórica que representa el fin del mito del progreso y único valor creíble de esta época de crisis es el individuo. Para ponerlo en otros términos: es cada uno de nosotros en tanto que individuos pendientes de sus ocupaciones y preocupado por sus intereses; mi cuenta en el banco y mi estado de salud, los dos ejes reales que sostienen y limitan el mundo-embudo del individuo. (...) Resulta indispensable elaborar una teoría de la emancipación que supere la oposición fuerte-débil que gobierna el funcionamiento de nuestras sociedades, una teoría de la situación que asuma la fragilidad como una dimensión fundamental de lo que hace a la esencia misma de la vida. Esas son las cuestiones que intentaremos abordar en este trabajo”.
Recomendamos: La fábrica de la información, los periodistas y la ideología de la comunicación, un libro imprescindible para analizar los medios posmodernos.